Una constelación de futuros que faltan

Cada punto luminoso representa una muerte estimada por suicidio entre personas de 10 a 24 años para América Latina y el Caribe en 2021.

Salud pública Visualización de datos Prevención del suicidio
Una persona joven contempla un cielo nocturno donde miles de puntos forman agrupaciones luminosas
Una constelación de futuros que faltan. Cada punto luminoso representa una muerte estimada por suicidio entre personas de 10 a 24 años para América Latina y el Caribe en 2021.

Motivación

Nuestro interés por abordar un tema tan sensible mediante el arte basado en datos surgió de conversaciones con Matías y Andrey algunas semanas atrás. Matías nos habló con entusiasmo de Prohibido suicidarse en primavera, del dramaturgo español Alejandro Casona, obra sobre la que desarrolla su monografía de bachillerato. La tragicomedia presenta un hogar aparentemente concebido para que sus huéspedes puedan quitarse la vida con comodidad. Sin embargo, su verdadero propósito es el contrario: ayudarles a redescubrir las razones para vivir. Ninguno de los personajes consuma el suicidio; quienes se acercan peligrosamente a hacerlo son salvados por la presencia oportuna de manos amigas.

Andrey, por su parte, nos compartió su vocación por la psicología nacida de observar el impacto positivo que estos profesionales tienen en la salud mental de las personas jóvenes, especialmente en momentos de vulnerabilidad.

Ambas conversaciones ayudaron a definir el sentido de la obra. Más que limitarnos a contemplar estas tragedias personales y sociales o generar conciencia sobre ellas, quisimos dirigir la mirada hacia los futuros que todavía podemos proteger.

Mirar el cielo y descubrir los datos

A primera vista, la imagen parece una escena nocturna serena. Una persona joven, sentada sobre el suelo, contempla agrupaciones de luces suspendidas en el cielo. Algunas forman grandes cúmulos; otras aparecen aisladas y lejanas. Sin embargo, esas luces no fueron distribuidas libremente. Su posición, su color y su número provienen de datos sobre mortalidad por suicidio entre personas de 10 a 24 años en los países de América Latina y el Caribe.

La obra nació de una pregunta: ¿cómo hacer visible una realidad estadística sin reducirla a una tabla y sin convertir la tragedia en espectáculo? Quisimos conservar la precisión del gráfico científico, pero cambiar la manera de acercarnos a él. En lugar de pedirle al público que empiece por descifrar ejes, siglas y leyendas, la imagen invita primero a detenerse. Solo después revela que cada punto representa una vida perdida y, con ella, un futuro que ya no podrá desplegarse.

El título habla de futuros en plural no solamente por representar una multitud de casos, sino ante todo para reflejar que una vida joven no contiene un único destino previsible. Contiene posibilidades: aprendizajes, relaciones, decisiones, proyectos y contribuciones que nunca podremos conocer de antemano. La obra no intenta inventar esas historias ni afirmar qué habría ocurrido en cada caso. La palabra “futuros” nombra, con prudencia, el horizonte abierto que acompaña a toda vida y la pérdida colectiva que se produce cuando ese horizonte se interrumpe.

El punto de partida científico

Una investigación realizada por un equipo de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) y la Universidad de Stony Brook, Estados Unidos, publicada en acceso abierto en 2026 en The Lancet Regional Health – Americas, analiza la mortalidad por suicidio entre personas de 10 a 24 años en 35 países de las Américas durante el periodo 2000–2021. El estudio utiliza datos abiertos de las Estimaciones Mundiales de Salud 2021 de la Organización Mundial de la Salud para examinar las diferencias entre países y su evolución en el tiempo. Las Américas son la única región de la OMS donde las tasas de suicidio han aumentado en las últimas dos décadas.

Dentro de este panorama continental, nos detenemos en América Latina y el Caribe, donde en 2021 se estimaron aproximadamente 9.727 muertes por suicidio entre personas de 10 a 24 años. En esta región, la tasa estimada de mortalidad por suicidio en el año de referencia fue de 6,14 muertes por cada 100.000 personas de 10 a 24 años, con un aumento promedio anual del 0,77 % entre 2000 y 2021. También se observaron diferencias por sexo: la tasa fue de 8,61 entre los hombres y de 3,60 entre las mujeres.

El promedio regional, sin embargo, no cuenta toda la historia. Los países presentan distintas combinaciones de tasas de mortalidad y tendencias: algunos registran aumentos significativos; otros, descensos; y varios no muestran cambios estadísticamente significativos. Además, una tasa elevada no necesariamente corresponde a un mayor número de muertes, pues el tamaño de la población también influye.

Del gráfico al firmamento

El proceso comenzó con un diagrama de dispersión. Cada país se situó mediante dos medidas: la tasa de mortalidad por suicidio en 2021 en el eje horizontal y el cambio porcentual anual promedio entre 2000 y 2021, conocido como AAPC, en el eje vertical. Cuanto más a la derecha aparece un país, mayor es su tasa; cuanto más arriba, más pronunciado fue el crecimiento anual. Los puntos dorados indican un aumento estadísticamente significativo, los azules una disminución significativa y los blancos la ausencia de un cambio significativo.

Diagrama de dispersión que compara la tasa de mortalidad y el cambio temporal por país
Primera traducción: cada país aparece como un punto del mismo tamaño. El gráfico permite comparar tasas, tendencias y significancia estadística.

La siguiente versión incorporó el número estimado de muertes. El área de cada círculo pasó a ser proporcional al total de suicidios del país. Esto hizo visible una distinción fundamental: la tasa expresa la frecuencia en relación con la población, mientras que el tamaño muestra la magnitud absoluta. Un país muy poblado puede concentrar numerosas muertes sin ocupar el extremo derecho del gráfico.

Diagrama donde el área de cada círculo representa el número estimado de muertes por país
Segunda traducción: el área de cada círculo representa el número estimado de muertes. La posición estadística se mantiene.

Finalmente, cada círculo se descompuso en puntos individuales. Un punto pasó a representar una muerte estimada. Las espirales permitieron agrupar miles de puntos sin perder la ubicación del país ni borrar las diferencias de magnitud. El resultado seguía siendo un gráfico, pero ya comenzaba a parecerse a una constelación. En ese paso apareció también la metáfora central: cada punto señalaba una muerte registrada por el modelo y, al mismo tiempo, el lugar de un futuro que falta.

Lo que revela la visualización de datos

México y Brasil — la magnitud

La mirada se detiene primero en los dos círculos más grandes: México y Brasil. En 2021 se estimaron aproximadamente 2.577 muertes por suicidio entre personas de 10 a 24 años en México y 2.495 en Brasil. Juntos concentraron algo más de la mitad de las muertes estimadas para este grupo de edad en América Latina y el Caribe. El dorado señala que ambos países registraron, además, aumentos significativos de sus tasas entre 2000 y 2021: un promedio anual de 2,88 % en México y de 2,15 % en Brasil. Su presencia dominante expresa tanto la magnitud de las pérdidas como una trayectoria ascendente.

Guyana y Surinam — las tasas más altas

A la derecha encontramos a Guyana y Surinam, con tasas de 21,80 y 20,92 muertes por cada 100.000 personas jóvenes: más de tres veces el promedio latinoamericano y caribeño de 6,14. Sus círculos representan aproximadamente 50 y 34 muertes, respectivamente. El contraste muestra por qué necesitamos observar simultáneamente el tamaño y la posición: un número relativamente pequeño de muertes puede tener un peso considerable en una población también pequeña. Según el estudio referenciado, en ambos países, el suicidio representó alrededor de una de cada cinco muertes de personas de 10 a 24 años en 2021.

Uruguay y Paraguay — el crecimiento

Al levantar la mirada hacia la parte superior, destacan Uruguay y Paraguay. Uruguay combina una tasa elevada, de 16,09 por cada 100.000, con un crecimiento promedio anual de 3,69 %. Paraguay presenta una tasa menor, de 8,93, pero un crecimiento de 3,83 %, el más pronunciado entre los países latinoamericanos y caribeños representados. Las comparaciones entre los extremos del periodo ayudan a dimensionar estas trayectorias: la tasa uruguaya pasó de 8,56 en 2000 a 16,09 en 2021, mientras que la paraguaya pasó de 4,12 a 8,93.

Guatemala, Nicaragua y otros — los descensos

El recorrido hacia la parte inferior revela que el aumento regional no fue compartido por todos. Guatemala pasó de una tasa de 10,64 a 5,82 entre 2000 y 2021; Nicaragua, de 11,08 a 4,43. Ambos países registraron descensos estadísticamente significativos, al igual que Barbados, Belice, Bolivia, Colombia, Haití, Panamá y San Cristóbal y Nieves. Bolivia aparece en la posición más baja, con una reducción promedio anual estimada de 5,96 %. En este caso, el artículo referenciado invita a una lectura especialmente cuidadosa: clasifica la calidad de los registros de defunción de este último país como muy baja, al igual que los de Haití.

Costa Rica, Chile y otros — las tendencias no concluyentes

Entre los aumentos y los descensos también hay situaciones menos concluyentes. Costa Rica, por ejemplo, pasó de una tasa estimada de 5,09 a 6,22, pero su tendencia para el conjunto del periodo no fue estadísticamente significativa. Chile pasó de 7,35 a 5,61 y tampoco alcanzó significación estadística. Estos casos ayudan a comprender el color blanco: indica que el análisis no encontró evidencia suficiente para afirmar una tendencia ascendente o descendente. Otros casos incluyen Argentina, Bahamas, Cuba, Dominica, Ecuador, El Salvador, Honduras, Jamaica, Perú, República Dominicana, Santa Lucía, Trinidad y Tobago y Venezuela.

Una escena para acompañar la mirada

La escena final surgió primero como un dibujo a lápiz: un terreno abierto, algunas piedras, plantas pequeñas y una figura joven orientada hacia el espacio donde aparecerían los datos. La postura no expresa una respuesta cerrada. Puede leerse como contemplación, incertidumbre, duelo o búsqueda. Esa ambigüedad es deliberada.

Boceto a lápiz de una persona joven sentada frente a un terreno abierto
Boceto de la escena. El espacio vacío fue concebido desde el inicio como el lugar donde los datos se transformarían en cielo.

Al digitalizar el paisaje, elegimos una paleta nocturna. El dorado, el blanco y el azul proceden de las categorías estadísticas, pero dentro de la escena funcionan también como luz. La persona permanece en el suelo, en una escala humana y cercana, mientras las agrupaciones ocupan el cielo. No quise ilustrar un método de suicidio ni representar cuerpos. La pérdida se hace visible mediante puntos de luz y mediante la distancia entre quien observa y aquello que intenta comprender.

Contemplar la obra

La siguiente pieza audiovisual combina la animación de la obra con una narración sonora.

Cuidar los futuros que todavía existen

El joven de la escena mira un cielo hecho de datos que no puede tocar. Cuando contemplamos la imagen, ocupamos casi el mismo lugar: personas tratando de comprender una realidad que no cabe en una sola mirada. Si esta obra deja algo más que una imagen, esperamos que sea esa pregunta: ¿qué políticas, qué redes de apoyo y qué formas concretas de cuidado necesitamos construir ahora para proteger los futuros que todavía están abiertos?

El artículo que sustenta esta reflexión propone medidas concretas de prevención, adaptadas a las edades y circunstancias de cada población:

  • Reducir el acceso a medios letales.

    Los autores destacan las políticas de regulación y control del acceso a armas de fuego, plaguicidas y medicamentos como una de las estrategias con mayor respaldo científico, atendiendo a las características de cada país.

  • Fortalecer la prevención en los centros educativos.

    Integrar educación sobre salud mental, formación de docentes y personal para reconocer señales de riesgo, programas de apoyo entre estudiantes y rutas claras de derivación a atención especializada. Estas acciones deben combinar iniciativas para toda la comunidad educativa con apoyo específico para quienes presentan mayor riesgo.

  • Adaptar el acompañamiento a cada etapa de la vida.

    Entre los 10 y 14 años, priorizar la promoción de la salud mental en la escuela y el trabajo con las familias; entre los 15 y 19, reforzar el apoyo entre pares y la educación sobre seguridad digital; entre los 20 y 24, extender la prevención a universidades y espacios laborales.

  • Conectar la detección temprana con servicios de atención.

    Vincular los centros educativos con servicios comunitarios de salud mental capaces de responder y dar continuidad al apoyo. Reconocer una necesidad debe ir acompañado de posibilidades reales de recibir atención.

  • Dirigir los esfuerzos hacia las poblaciones con mayores necesidades.

    Priorizar los países que combinan tasas altas y crecientes, sin desatender aquellos donde la mortalidad aumenta aunque todavía se encuentre por debajo del promedio regional, ni a las poblaciones con acceso limitado a servicios de salud mental.

  • Mejorar los datos y evaluar las intervenciones.

    Fortalecer la calidad y oportunidad de los registros de mortalidad para identificar cambios y valorar los resultados de la prevención. Los autores también plantean evaluar a gran escala los programas escolares y universitarios que desarrollan habilidades como la resolución de problemas, la regulación emocional y la búsqueda de ayuda.

Estas medidas requieren recursos, continuidad y coordinación entre gobiernos, centros educativos, servicios de salud y comunidades. Los datos ayudan a reconocer dónde hace falta actuar; el cuidado toma forma cuando esa información se convierte en apoyo disponible para las personas.

Fuentes

Fuente de los datos. Nguyen, N., Martinez, R., Irarrazaval, M., Oliveira e Souza, R. y Hennis, A. J. M. (2026). Suicide mortality among adolescents and young adults aged 10–24 years in the Americas, 2000–2021: an analysis using the WHO Global Health Estimates. The Lancet Regional Health – Americas, 60, 101497. https://doi.org/10.1016/j.lana.2026.101497

Referencia artística. Sonja Kuijpers, Studio Terp, “A View on Despair”. Ver el proyecto.

Uso de inteligencia artificial, datos y reproducibilidad. Se utilizaron herramientas de inteligencia artificial como apoyo para extraer y estructurar datos del artículo y sus anexos, desarrollar y revisar el código de las visualizaciones, digitalizar el dibujo original y apoyar la composición de las imágenes. Todo el proceso se realizó bajo supervisión y verificación humana, contrastando los datos y comprobando que las transformaciones visuales no alteraran los valores representados. Para favorecer la transparencia y reproducibilidad, el conjunto de datos de trabajo, el código en Python utilizado para generar y verificar los gráficos y un Jupyter Notebook con el proceso documentado están disponibles en un repositorio público de GitHub.

Autores

  • Matías Sanahuja Vargas
  • Matías Castro Tijerino
  • Andrey Rojas Vásquez
  • Daniel Josué Morera Zamora
  • Santiago Rodríguez Rodríguez
  • Federico Chacón Picado
  • Luis Fernando Quesada Bermúdez
  • Graciela Valverde Alpízar
  • Fabián Alberto Muñoz López
  • Dagoberto José Herrera Murillo
  • Natalia Herrera Murillo
  • Egit Musaev
  • Mercedes Murillo Murillo
  • Sofía Ramírez Alcazar